Crónica Ultra Sierra Nevada 2021

Crónica Ultra Sierra Nevada 2021

Crónica Ultra Sierra Nevada 2021
¿Por qué no intentarlo?

(por Miguel A. Alejo).

«Abril fue el mes elegido para la Ultra Sierra Nevada (USN), y así preparamos la modalidad Trail
(63km) los verticalianos Yolanda López, Carlos Lozano y yo mismo, inspirados y desafiados por los
testimonios de experiencias pasadas tanto de Carlos como de Fernando del Rey.

Fueron varios meses de preparación (específicamente desde Enero), donde una tras otra fueron
recorridas y repetidas cuestas y sendas míticas del ideario mágico de los montes cordobeses, i.e.
Dragón Khan, Gaseoducto, Anker, Assuan, Palomera, Priorita, cuesta de la Pili, Torreárboles,
cortafuegos San Jerónimo, etc etc… Rutas de 20, 30, 40 y 50 kms fueron tachadas de los planes
de entrenamiento, geles y barritas digeridas, zapatillas resoladas y/o estrenadas, ropa nueva
probada, ……..y fuimos venciendo rozaduras, caídas, mordidas de perro, vacunas, antibióticos,
lesiones leves e indisposiciones intestinales, interminables batidas de jabalí…….para presentarnos
la tarde del 9 de abril en el paseo del Salón, Granada, a recoger nuestros dorsales y marchar a
Pradollano a descansar.

La noche previa a la carrera fue una mala noche: nervios, falta de costumbre a la altitud y una
dichosa nevera “en modo despegue” no nos permitieron descansar bien, y dormimos un máximo 3h
(o nada como la pobre Yolanda), para levantarnos a las 3am y partir a las 4 de la mañana rumbo a la
salida en Beas de Granada.

Después de 1h de viaje, dejamos el coche en las estrechas calles de Beas y en silenciosa procesión
con otras decenas de corredores, fuimos recorriendo las callejas hasta el estadio de fútbol donde se
daba la salida. Una luz verde esmeralda, de los focos del campo, nos recibió y tras pasar el control
de temperatura y de mascarillas (2 obligatorias) nos colocamos en los conos de control de covid,
dispuestos en todo el campo para mantener las distancias. Con las mochilas a tope, por la cantidad
de material obligatorio impuesto por la organización (y que afortunadamente no usamos),
comprobados los materiales (guantes, membrana, luz roja trasera), sentimos la excelente
temperatura para correr, y escuchando los gritos y palabras del speaker a las 5.50am, nos vamos
animando. Mis compañeros verticalianos y yo, tranquilos, sabiendo que el trabajo ya lo teníamos
hecho. Visualizo mientras todas las vivencias de estos meses previos, de entrenos en la madrugada,
con frío, lluvia, caídas, agradeciendo estar en la salida, pues era ya un éxito para mi estar presente
aquí.

Después de las músicas previas (Coldplay+otras) nos dan la salida a las 6.02am, respetando
rigurosamente la pauta de salida en intervalos de 15 segundos para cada fila de 8 corredores.
Yolanda, Carlos y yo salimos juntos y enfilamos la noche granadina, esperándonos y cruzando el
pueblo en dirección a las huertas y accediendo al monte. Fuimos en fila, avisándonos de obstáculos,
escalones u otras incidencias y manteniendo el contacto para ir juntos en esta primera parte. El
monte nos recibió con cuestas sinuosas, que con las luces rojas traseras y los frontales de los
corredores, daban un espectáculo notable, y una sensación de esfuerzo a la vista de las alturas de las
luces que veíamos delante de nosotros. Las sensaciones no eran buenas para mi, con las piernas trabadas y pesadas y punzadas en la barriga, pero como sabía que no había calentado adecuadamente, tenía que tener paciencia. Y así fue: al amanecer, todos juntos todavía, comencé a “tener piernas” y a recuperar las sensaciones.

Mantuve el ritmo controlado y fácil, aun sintiéndome con fuerzas, por prudencia y reservando para
la gran subida al Dornajo, en la 4ª parte del recorrido (que dividí en 5 etapas). Se podía escuchar el
rumor del agua en los arroyos que nos acompañaban así como rapaces nocturnas (autillos y cárabos)
Pasamos el primer avituallamiento en el Cortijo de Aguas Blancas, sin problemas, y tras comer
rápido unos plátanos y pan con chocolate, nos ponemos en movimiento teniendo que cruzar un río
por encima de unos troncos atravesados y resbaladizos por tantas pisadas previas (los corredores
del Ultra pasaron antes por aquí). Sin incidencias comenzamos a subir de nuevo, agrupados los 3
y siguiendo la guía de Carlos, que ya había pateado estos senderos en la edición anterior, así que
era una referencia buena y de confianza. Una vez superada esta subida tras el río, bajamos ya hacia
el pueblo de Quéntar por zonas de huertas, con la primavera ya brotando en múltiples frentes. En
una bajada fácil y con pequeñas subidas intercaladas, me animo a seguir corriendo, y allá por el km
20, lentamente me voy distanciando de mis compañeros verticalianos. Enfilo ya en solitario la
llegada al 2º avituallamiento en Quéntar, donde tras un horrorosa y espeluznante visita al servicio
(ni Michael Jackson sabría…) y comer rápidamente, salgo corriendo con ritmo controlado. Justo en
la salida de este avituallamiento me cruzo con Yolanda y Carlos llegando y ésta sería la última vez
que los vería en el recorrido hasta meta.

Seguí corriendo a buen ritmo, caminando con bastones en las subidas pronunciadas y corriendo en
llanos y bajadas. Los bastones los usaba a alta frecuencia, caminando rápido en las subidas,
aprovechando para adelantar a bastantes corredores que solo podían andar en estas secciones
empinadas de olivos y rastrojos quemados,…. Con este buen ritmo, e impulso con los palos,
conservé bastante frescas las piernas para lo que quedaba por venir. Superados los montes de
olivos, y tras crestear brevemente envueltos en niebla, atravesamos una sección encajonada con
firme en piedra, al estilo calzada romana, con saludo obligatorio a las vacas sueltas y a los perros
que nos asaltan.

Enfilamos de hecho ya hacia el siguiente punto importante de la carrera, Pinos Genil. Fue una bajada muy rápida para mi, adelantando a unos 30 corredores, y lanzándome directo al pueblo que se veía en el fondo de valle del rio Genil. Tras cruzar la carretera nacional, entro en las callejas típicas de los pequeños pueblos granadinos, y ya voy pensando qué voy a comer, y qué hacer en este puesto de vida en Pinos Genil. Siguiendo las balizas constantemente, llego a una pequeña plazoleta que está ocupada casi totalmente por un camión de butano, que impedía saber por donde seguir, ante las 3 callejas que salían de allí, así que cogí a la izquierda…… equivocándome,… y la gente avisándome de que no era por allí. Afortunadamente sólo me desvié 15m y tras unas buenas risas, pues estos obstáculos urbanos, como que no los tenía en cuenta yo en un trail de montaña, me dirijo ya al polideportivo de Pinos Genil con los ánimos de la gente y de algún “perrillo” que tuve que apartar con el bastón para no pisarlo. Tras picar tiempo, descanso en una silla, pido la bolsa depositada con mis pertenencias y me cambio de camiseta y repongo sales……..como fruta (pera y plátano), bocadillos y un gel de cafeína  y tras reponer agua y guardar los botes en la mochila, salgo confiado del recinto envuelto en los ánimos de la gente, pero concentrado para seguir mi ritmo constante.

Con energía renovada sé que me enfrento al tramo más duro, la subida al Dornajo por las Zetas, con 1300m de desnivel positivo en 14km……. pero voy concentrado y bastoneando continuamente para ayudarme a seguir ascendiendo. Dejo pasar a los corredores más rápidos de la modalidad maratón que salieron hace poco, y me sorprendo de que ellos corren todo el tiempo para arriba y sin bastones, pero no me disperso en ello y tras animarlos (sin recibir respuesta, todo hay que decirlo, aunque un “de nada ” ya se llevaban también) sigo ascendiendo constante, y viendo como sigo superando corredores. Enfilo ya hacia abajo, hasta el pantano de Quéntar, y nos adentramos en una bajada pronunciada, arenosa y expuesta de unos 200m de caída, y con los palos a modo de pértiga voy salvando la bajada, superando más corredores que bajan arrastraculo, pero con respeto, dejan pasar “a éste que va saltando”. Ya abajo me doy cuenta que alguna piedra se me metió en la zapatilla, pero me aguanto y sigo avanzado, esta vez bajo el zumbido y la mirada de un dron sobre mi cabeza. Entro entonces en una zona de canales de agua antiguos, con sus correspondientes túneles donde por última vez usé el frontal. La zona no es muy corrible, pues hay mucha piedra caída dentro del canal y los túneles no tienen mucha altura, pero consigo superarlos y subir el canal para seguir montaña arriba. Entro ya en una zona en donde me mareo un poco, y comienzo a sentir falta de energía……pero me concentro en seguir la estela de los de delante, pues ya se podían ver las Zetas famosas y el Dornajo culminando la subida. En este tramo la vista se me nubla por momentos, y me mareo, el pulso se me dispara, y me duele la cabeza (luego descubriré que era una pájara) pero mantengo el ritmo de bastoneo y de pasos hacia arriba pues, me digo, si yo estoy mal, seguro que los de delante tampoco están mucho mejor que yo……así que sigo paciente hacia arriba zigzagueando sin parar, evitando piedras, ramas, escalones y corredores parados con miradas ausentes. Algunos ánimos se escuchan y yo me concentro en ir superando metros, sabiendo que esto se termina en unos minutos. Terminada la zona de zetas, entramos en una pista de asfalto que pasa por un campo de fútbol en medio de la montaña y que Carlos conoce bien de las ediciones veraniegas de esta USN. Bastoneando sin parar y a buen ritmo, sigo adelantando corredores cansados, y ya supero el último escalón con los ánimos y gritos de la gente, que me vienen muy bien pues voy mareado y muevo la cabeza como que no puedo mucho más pero la gente se rebota con este gesto y gritan todavía más fuerte así que me vengo arriba y subo corriendo los últimos metros para entrar en el último avituallamiento en el Dornajo. Suspiro, bebo agua, como fruta, me siento, dejo mensajes diciendo que estoy bien y que sigo adelante en la carrera, ante la preocupación de mis amig@s y familiares (pues sabían por el control de carrera que no se llegaron a registrar mis pasos en algunos avituallamientos).

Ya más descansado y con mejores sensaciones, enfilo por carretera el último tramo hacia la estación de esquí en Pradollano; comienzo a correr pero en unos 200m me doy cuenta que no puedo, la cabeza me duele, y el corazón se dispara fácil, así que camino a paso rápido, bastoneando sin
parar. Durante 2km me pasan cantidad de participantes que pueden correr a esta altura y en
este tramo, yo resignado sigo a lo mio, siendo fiel a las sensaciones de mi cuerpo  y camino
corro, de señal a señal…. y estabilizo la diferencia con los corredores de delante. Un coche con
una chica se para y grita: detrás de mi hay otro corredor joven, y le comento que parece que nos
quiere llevar, me dice que es su novia……en fin…….. el cansancio no deja mucho margen
a la creatividad, la verdad. Sigo concentrado en mis fuerzas, y en mantener un ritmo
constante a pesar del mareo y del cansancio en las piernas. Unos 3kms después comienzo a
correr muy lentamente, y comienzo a reducir la distancia con los que me pasaron. Los coches
que van a la estación de esquí nos animan, los familiares apostados en el arcén también. ¡¡¡Cómo
se agradecen estos ánimos!!!……….Y ya dejo el asfalto y tomo un desvío para entrar en un pinar, el circuito de bicicleta de montaña de Pradollano, a 2000m de altitud…….sigo caminando en las
primeras cuestas, pero ya corro en las pequeñas subidas y en los llanos y sigo superando a
corredores. Salgo del bosque de pinos, y ya cuesta abajo y me crezco y sigo corriendo fuerte
con los bastones en la mano, superando a varios corredores más. Y ya me veo en la plaza de
Pradollano donde está situada la meta y donde se escuchan gritos y música. Muy animado
sabiendo que ya llego, mantengo este ritmo corriendo y cuando creo entrar en meta, ¡¡me desvían
hacia la nieve!!! les digo que no puede ser y me confirman que sí puede ser, y yo acordándome de
todos los inventores del Trail, y moviendo la cabeza de un lado a otro sin creerme que todavía tengo
que subir una pala de 300m de nieve; el público de la plaza (esquiadores y demás), cerveza en
mano, se ríen y me animan, así que tiro para arriba; en la nieve, mis piernas se hunden con
facilidad y mis bastones se quedan a la mitad…….pero sigo adelante, casi cerrando los ojos por la
luz que refleja la nieve, y llego arriba y me dejo caer sabiendo que ya lo tengo, que ya está……y
saltando bastante torpemente por la nieve cuesta abajo entro en la recta de llegada con una sonrisa,
buen ritmo y brazo en alto, satisfecho………en 9h 07min……….posición 40 en mi categoría, 92 de
la general.

Disfruto de estos momentos, miro al cielo y busco mi medalla, y mi plato de pasta, que devoro sentado en una silla, mientras veo como van entrando otros participantes y me llegan al móvil las
felicitaciones de todos los amig@s que me siguieron en directo…….
Ya cuando voy a recoger mi bolsa de pertenencias pensando en la ducha del hotel, me cruzo con
Yolanda, que está entrando en la plaza, así que cambio de planes y me quedo en meta a esperarla y
animarla. Después de una larga pausa, Yolanda aparece desde la nieve y le hago unas fotos míticas
enfilando a meta, sonriente y satisfecha……..es una campeona, 9h 56min, 7ª de su categoría y 165
de la general.

Para evitar frío y recuperar mejor, y en vista de que no sabíamos por donde estaría Carlos, nos
marchamos al hotel a descansar. Carlos entra finalmente en 10h 41min, el 77 de su categoría. ¡Qué
mérito tiene esta llegada! le diré después; 2 meses lesionado, sin tener continuidad en los entrenos,
unas sales en mal estado que le revientan el estómago 1 semana antes de la carrera,….y encima
llevando un mono de peluche en la mochila (a estas alturas, todo pesa), por petición de su pequeña
!Chapeau¡

Satisfechos por el resultado, en vista de nuestros entrenos, averiguamos puestos, ritmos y
comentamos la carrera, las anécdotas e incidencias propias, el acierto del cambio de fecha,
prefiriendo correr en primavera que en julio. Y ya, con la mirada brillante de los aventureros, nos
imaginamos cuál será la siguiente juntos.»

Miguel A. Alejo